domingo, 11 de febrero de 2007

¿Quién recoge el guante de Borges?


"Que yo sepa, nadie ha formulado hasta ahora una teoría del prólogo. La omisión no debe afligirnos, ya que todos sabemos de qué se trata. El prólogo, en la triste mayoría de los casos, linda con la oratoria de sobremesa o con los panegíricos fúnebres y abunda en hipérboles irresponsables (...) La revisión de estas páginas olvidadas me ha sugerido el plan de otro libro más original y mejor, que ofrezco a quienes quieran ejecutarlo. Pienso que exige manos más diestras y una tenacidad que ya me ha dejado (...) Constaría de una serie de prólogos de libros que no existen. Abundaría en citas ejemplares de esas obras posibles." (J.L.B., Prólogos con un prólogo de prólogos, 1975)

Consideremos el desafío del maestro como un punto de partida para experimentar e intercambiar los resultados. Tenemos algunas reglas que acotarán el ejercicio: un prólogo, que presupone la prosa (¿o no?), la referencia a un libro que se está prologando (¿o tampoco?) y una extensión menor al objeto prologado (Macedonio Fernandez desmiente esto). En fin: un prólogo, señores.

1 comentario:

pancho dijo...

Valga el prólogo del prólogo. He aquí la obra que culmina donde empieza, por más que el piadoso lector pretenda extender sus páginas. Aunque pensándolo bien, esa actitud, de aparente misedicordia, encierra un propósito egoísta: la de prolongar su propio disfrute. Surge aquí el anticipo de la obra que se esconde en los vericuetos siniestros de la mente del autor inimaginado, pero que desde ya el lector admira, pues lo unge con el óleo de su interés. Será entonces la obra monumental del prolegómeno, el desafío radical de descripción de nuestra especie, todo con el furor del tribuno ignoto que profiere insultos anónimos. He aquí el magnánimo sentido de la obra y la redención anticipada de su muerte sin nacer. (¿Muy Macedonio?)